Cuando el cigarro era una moda

La época de las crisis - Vida Cotidiana

El origen del tabaco es americano, aunque su globalización comenzó cuando Cristóbal Colón pisó este continente (1492) y se encontró de inmediato con la seductora planta que caribeños y mesoamericanos fumaban por razones culturales, rituales y medicinales.Sobra decir el éxito que la planta narcótica tuvo desde el momento en que se comercializó mundialmente; se dice que el diplomático Jean Nicot la dio a conocer a los franceses, mientras que sir Walter Raleigh la popularizó en Inglaterra. Su consumo proliferó en todo el mundo y México no fue la excepción. La invención del cigarrillo es todavía una incógnita, aunque se adjudica a un mexicano del siglo XVIII, Antonio Charro, el enrollar por primera vez el tabaco en papel de arroz.

En el siglo XX el cigarro se convirtió en un hábito que, por mucho tiempo, significó estatus. A mediados del siglo, la publicidad de las compañías no hacía una distinción enfática entre hombres y mujeres como objetivo de sus campañas. Al contrario: una mujer fumando resultaba seductora, segura de sí misma, distinguida. En ese entonces, la marca Kent promovían la idea de que quien fumaba sus cigarros era, según las estadísticas, gente inteligente y más allá del común.

En la década de los setenta en México la oferta de cigarros era abundante. La mayoría apostaba al gusto: ""En Raleigh la diferencia está en el tabaco""; Del Prado prometía que ""como su sabor no hay otro""; u otros con mensajes más misteriosos: ""Con el sabor internacional Viceroy"", o menos pretenciosos como los Faros que garantizaban ""un sabor natural"". Otros más apostaron a la personalidad de sus consumidores: ""Mujer: -¿Por qué fumas Baronet? Hombre: -Porque me gustan.""

Sin duda la campaña más exitosa por mucho fue la de Marlboro que mostraba a hombres rudos, curtidos por el sol, lazando caballos salvajes o haciendo toda clase de suertes vaqueras, mientras se escuchaba la música de la película Los siete magníficos de Elmer Bernstein. Imposible saber si una (o uno) deseaba al Marlboro men o a los cigarros.
Pero entonces todo podía suceder. Después de ver ese prototipo de hombre imposible de encontrar a la vuelta de la esquina que era el Marlboro men, el siguiente anuncio podía ser el de Rigo Tovar y su Costa Azul anunciando los imponderables cigarros Fiesta. ""Hay gente pa’todo"", como decía el torero.